Bandera roja

No tenía idea de lo que me había pasado. Tenía 12 años, estaba en un campamento con mis compañeros del colegio. Me dolía la panza, sentía algo raro, fui al baño y ví sangre. Mi cara se transformó. Me encerré y me quedé esperando que no sea nada grave. Una profesora vino por mí, y con mucha vergüenza le comenté mi situación. SOS SEÑORITA!!! Me dijo. Y salió a gritarlo por los pasillos cual loca liberada luego de un secuestro. Todas las chicas habían ido preparadas “por las dudas”. Yo, sin embargo, no sabía que ese “por las dudas” podía existir.

¿Te duele? Me preguntaron. Creo no, pero me siento incomoda con esto puesto, siento que se me nota. ¿Pero cómo es? Me cuestionaban. No se..no es sangre roja, como cuando te lastimas, sino distinta, como oxidada.

Cuando volví a mi casa le conté a mi mamá: creo que soy señorita.. ¿Cómo creo? Me responde. No se… se dice así? Es horrible. Mi mamá se ríe: se dice como quieras, y te felicito, igual sos chica para eso no? Creo que nunca te había comentado que esto te iba a pasar todos los meses. ¡TODOS LOS MESES PASA ESTO???? Y no, no me habías comentado.

Así es, todos los meses las mujeres pasamos por este periodo. Y siempre es horrible. No traumático, pero si incómodo.

Cuando el sangrado nos toma por sorpresa pensamos en lo poco precavidas que somos. Pero la realidad es que nuestra mente se encuentra en varios lugares al mismo tiempo, y no podemos prevenirlo. Sin embargo nos enojamos mientras limpiamos  con un jabón y un cepillo lo que hemos manchado. ¡Durante ese tiempo podría hacer otra cosa! Pienso. Pero no, acá estoy yo limpiando mi ropa interior. Seguro que a Marilyn Monroe no lo pasaba esto, era más atenta.

La mayor parte de los hombres no tienen conciencia de que se trata de un ciclo que va más allá del sangrado en si. Existe también un periodo premenstrual, donde muchas mujeres se hinchan, están más sensibles, más gritonas, más lloronas y con menos paciencia de lo habitual. Durante ese periodo nos comemos todo el chocolate que está a nuestro alcance y justificamos todas nuestras miserias con un “me está por venir, no me hables”. Nos salen granos en la cara, nos sentimos molestas y con ganas de llorar frente a una comedia romántica con poco sentido. Luego, el periodo de sangrado se soporta con mayor fluidez. ¿Acaso es machista justificar mis actos con un “me esta por venir”? claro que no, porque el síndrome premenstrual existe realmente, y es más intenso de lo que muchas mujeres y hombres piensan, así es, intenso.

Consiste en un conjunto de síntomas físicos y psicológicos que afectan a muchas mujeres aproximadamente de cuatro a seis días antes de la menstruación. Algún estudio de alguna universidad extranjera de nombre extraño comprobó que tres de cada cuatro mujeres lo sufrimos y que se intensifica desde los 20 a los 40 años.

Lo cierto es que la menstruación es el segundo paso luego de este síndrome y es inevitable. A veces nos alivia de un susto y otras la odiamos por aparecer en la circunstancia inoportuna luego de una cita programada.

La realidad es que la mayoría de las mujeres lo sienten como una condena.

¿Acaso la menstruación es un castigo porque no estoy embarazada? ¿Porque soy mujer y no traigo hijos al mundo?. Suena trágico, pero de alguna manera muchas mujeres se sienten así todos los meses, con culpa y desprotegidas. “Tu cuerpo te pasa factura por lo que deberías estar haciendo”, y la naturaleza se vengó de la peor manera. Luego la sociedad hace que te sientas así, poco natural.

 

 

Soy Feminista!

Hace unos años, un hombre comentó casi sin vergüenza que la guitarra no le queda bien a las mujeres. Recuerdo que ese fue uno de mis primeros síntomas de rabia frente a una injusticia machista. Me senté enojada a escuchar a Janis Joplin, mientras observaba su ropa poco femenina arriba de un escenario. Esa mujer no podría haber usado una minifalda, hubiese sido un escándalo.

En “La mujer eunuco”, Germaine Greer recomienda a la lectora pobrar su sangre menstrual “Si no la has probado, aún te queda un largo camino por recorrer, cariño”. Años más tarde Catlin Morgan la cita y reconoce haberlo hecho, también lo agrega a una lista de cosas que “las mujeres debemos hacer”. Sin embargo pobrar mi sangre menstrual no entraría desde ningún punto de vista como alternativa pendiente de “cosas a probar”, por lo pronto si tengo otras cosas pendientes, como cortarme el pelo carré, hacer un buen asado y saltar de un paracaídas.

Más osado que probar nuestra propia sangre menstrual es que una mujer se reconozca como feminista, EURECA! Soy feminista. Disculpa, acaso todos sabemos lo que es feminismo aquí? Claro que no, aunque podríamos imaginarnos a un par de lesbianas sin depilar, y con borcegos negros, protestando, enojadas con el sexo masculino y culpándolos de nuestras desgracias. También tenemos la opción de preguntar, ¿Por qué sos feminista?.

En el 2014 la mujer ha podido conseguir su lugar correspondiente en muchos espacios donde se la marginaba. Como mujer feminista no tradicional me animo a dejar de pensar en un sueldo equivalente al de mi colega de sexo masculino, casi casi lo logramos. Por lo tanto no es mi misión actual. Quizás si me animo a revelarme de otras maneras, frente al hombre que me declara como la reina de la molestia, la demandante, la exigente. Ese hombre, que le queda canchero decir que su pareja le tiene “los huevos al plato”.

Como mujer convivo con el machismo diariamente; en mi familia, en el trabajo, en la calle. Es por eso que me hago responsable de mi sexualidad y listo. Eso es el feminismo. Apuesto que la mayoría de las mujeres son feministas, pero todavía no se animan a decirlo en voz alta. La palabra feminismo tiene mala prensa.

Algunos tienen la idea de que ser feminista es solidarizarse con todas las mujeres. Pero la realidad es que no somos pacifistas, y no vamos a dejar que una mujer se ponga en vestido blanco en el casamiento de otra. ¿Tenemos la responsabilidad de hacer que todas actúen de buena manera y responsablemente?, tampoco. Hay muchas mujeres que prefieren vivir en su estupidez y no pienso hacerme responsable de sus actos. Le mostraré que los zapatos con taco alto molestan, le mostraré que puede ser gorda, gritona y ser libre; luego ella decidirá por si misma. Los hombres no tienen un parámetro de como deben actuar, nadie les critica demasiado la perdida de su tiempo o su relación con la play station, por eso a las mujeres tampoco se les debe criticar demasiado. Pero la realidad difiere de mis ideales. Y nuestra sociedad determina que las mujeres debemos actuar y ser de determinada manera.

Me responsabilizo de mi presente, y de mi futuro, sino seremos condenadas a vivir en la época equivocada. Lloraremos por cuestiones que jamás cambiarán y terminaremos locas, golpeando a un pobre chico que viene en son de paz. Empecemos de a poco a cambiar las ideas que nos incriminan de complejas, y brindemos por ser mujer.

El disco rígido femenino

Hay muchos estereotipos de mujeres, actualmente sería erróneo generalizar las actitudes femeninas. Sin embargo, todavía existe este tipo en particular: esa mujer con mucha memoria, esa amiga que nos recuerda cada tanto por qué nuestro ex es nuestro ex, y no seguimos juntos. Esa mujer que recuerda diálogos enteros y archiva en un mirochip las peleas, las escenas y las palabras.

La relación de las mujeres con las palabras es algo que nos supera a nosotras mismas. De la palabra no hay vuelta atrás, y eso lo sabemos muy bien.

“¿Me querés? ¿Cómo me queda este vestido? ¿Puede ser que haya engordado? ¿Te gusta esa chica?”, simples preguntas que hacemos sabiendo que su respuesta describe el tipo de hombre con el que nos hemos metido. Luego de cualquiera de esas preguntas puede venir el silencio, el peor de los ruidos para nuestras cabezas. O puede venir la respuesta equivocada, el peor de los desastres. En ese momento tomamos cualquier tipo de frase que no nos haya gustado y la archivamos en nuestro disco rígido para sacarlo a la luz en algún momento, en alguna discusión oportuna.

Las palabras que nos lastiman son armas perfectas para poner sobre la mesa y hacer jaque mate; “vos de eso no te acordás, pero me lo dijiste hace tiempo, en esta situación y yo me lo acuerdo muy bien”.

Una vez mi novio me dijo que estaba gorda. A partir de ese momento deje de escuchar sus halagos. No me importaba si el pelo lo tenía lindo o esos zapatos me quedaban bien. Tampoco me afectó lo suficiente como para bajar de peso, estaba segura que ese tipo estaba equivocado. Sin embargo esa palabra me quedo dando vueltas, me dolió, y la tengo archivada en mi cabeza. Qué mejor recuerdo que una palabra hiriente para olvidarme de alguien. Qué mejor recuerdo que una frase desafortunada para saber que no quiero volver a llamarlo nunca más.

Las mujeres rememoramos mucho mejor los recuerdos emocionales intensos. Recreamos momentos puntuales y hasta maldecimos tener memoria para cierta información innecesaria. Conocemos a un tipo casado y lo peor que nos puede pasar es que nos hable de su actual mujer. Esa información la retenemos sin querer y se convierte en algo horrible. Quizás no nos acordamos del cumpleaños de un amigo, pero retenemos el nombre de esa mujer que ni conocemos, sabemos por qué se casaron y por qué siguen juntos. ¿Es necesario saber eso? No. ¿Lo recordamos? Sí. ¿Por qué? Porque las mujeres tenemos el karma de la memoria emocional selectiva.

Mi más humilde consejo a los hombres: deben tener cuidado con lo que dicen, nombres de ex novias, nombres de actuales novias, críticas a nuestras familias o amigas, experiencias sexuales anteriores, defectos físicos.

Las mujeres que se acuerdan de una frase lejana e hiriente corren con una ventaja, tratan de no tropezarse siempre con la misma piedra. Mientras tanto, ustedes hombres, sigan así, sin saber la fecha del aniversario. Ya se van a acordar de nosotras cuando faltemos.

La relación de la mujer con el pelo

En esta columna no vamos a hablar cuando la mujer se hace un simple corte de pelo y el hombre no se percata. Esa desatención no tiene cura.

Lo que se va a tratar es la relación que la mujer tiene con el pelo en general, las peleas con la depilación y los enojos frente a miradas juzgadoras, tanto de hombres, como de otras mujeres.

Empieza en la adolescencia y sin darnos cuenta, tenemos pelo en la cara, piernas, brazos, axilas y el más odiado por muchos, el vello púbico. En realidad nadie te explica que ese vello sale y que en algún momento hay que quitarlo. Un día se nos ocurre buscar entre las cosas del baño, hasta que encontramos una afeitadora, y listo. Nos deshacemos de todo lo que está a la vista. Todavía no entendemos hacia que dirección debe ir la cuchilla, nos cortamos sin querer, hasta que salimos limpias, sin pelo en las piernas o en las axilas.

El pelo es una de las tantas preocupaciones que tenemos las mujeres. Invertimos muchísimo dinero y tiempo en él. Según las mayoría de las mujeres el pelo existe en varios lugares equivocados: cejas, labio superior, barbilla, axilas, piernas, pezones, pelvis y todo su alrededor. Algunas osadas se animan a decir que también se depilan los brazos.

Contra todo ese pelo que acabo de nombrar surgen una serie de programaciones mentales y cálculos matemáticos increíbles. Por ejemplo: existe una supuesta cita con un hombre. A ese mismo hombre le pueden avisar durante esa misma tarde que a la noche tendría su cita, y no habría ningún tipo de inconveniente. El hombre puede darse una ducha, elegir algo para ponerse y salir espectacular. A la mujer no se le puede avisar sobre su cita ese mismo día. Todo sería un gran desastre. La mujer necesita por lo menos una semana de tiempo para calcular el crecimiento del pelo en ciertas partes del cuerpo, y asi poder hacer una depilación perfecta. Qué pasaría si tengo una cita esta noche? Me miro al espejo, y pienso, “debo tener un pelo de tres días sobre mi pubis, es decir: si esta noche planeo desnudarme no habría ningún problema (la verdad es que todavía no está para depilármelo, está muy corto y no serviría para nada) aparte pienso emborracharme y hacerlo en un cuarto bien oscuro, respiro. A los 3 minutos vuelvo a mirarme y pienso: “y si me quedo a dormir? A la mañana ya se notaría este pelo, que para ese momento ya sería un pelo de 4 días. Tengo que hacer algo”. “también me tendría que depilar las piernas, pero lo tendría que haber hecho ayer, si lo hago ahora tendría lo folículos abiertos, entonces la crema crea un efecto horrible en mi piel y mis piernas terminarían pareciendo piernas con varicela”. “Para depilarme el labio superior y cejas ya es tarde, haga lo que haga me va a quedar colorado y quizás un poco hinchado, y no me voy a arriesgar a que me vean así por la calle”. “Para las axilas podría pasarme la afeitadora, que horror, eso solo lo hago en vacaciones y me parece que nunca termina de quedar como a mi me gusta”. Todo este preparativo también cuesta dinero, no me extraña que las mujeres tengamos cada vez más sexo, hay que hacer redituable todo ese dinero y tiempo que gastamos para que alguien nos mire y no le demos asco.

Todo lo que acabo de explicar no tiene ningún sentido si no nos centramos en el vello púbico. Ese pequeño triángulo entre las piernas con el que lidiamos cotidianamente. Empezó a ponerse de moda con la pornografía, las tomas debían salir claras y perfectas; actualmente todas las vedettes, modelos y actrices nos dejan bien en claro que no tienen un pelo que sobresalga, que el pelo no existe, que esa zona debe quedar lisa y perfecta, como si nunca hubiese crecido nada.

Creo que hubiese estado bueno tener algún tipo de debate sobre este tema. La verdad es que es doloroso, cuesta mucho dinero y no es para nada fácil de mantener. Todo este trabajo no es para parecer una modelo, ni ser demasiado sexy, ni llamar demasiado la atención.

Todo este trabajo es para parecer una mujer normal. Tener una cara limpia y una entrepierna presentable.