Heterofóbia, tu mundo al revés.

El corto se llama All you need is love? Dirigido por Kim Rocco Shields. Todas las circunstancias que aparecen  son situaciones narradas por víctimas de bulling escolar.

Imaginen un mundo donde reina la homosexualidad.  Las parejas son padres o madres. La homosexualidad es socialmente impuesta por la religión, los medios, la cultura en general. Las parejas del mismo sexo son bien vistas. Los deseos, los miedos, los prejuicios homofóbicos no existen. Imaginen dentro de esta sociedad que pasaría con las personas que no son homosexuales, sino que son heterosexuales. Una sociedad que no acepta el amor entre personas de distinto sexo.  Un mundo donde existe la heterofóbia.

Me resultaba raro ver cosas al revés, sin embargo todo se me hacía familiar. Todo es más fácil de lo que parece, es que en realidad es igual, todo esto pasa, dado vuelta.

La mayoría de los gays que conozco temen reconocerse entre su familia y amigos, temen ser juzgados. Hoy en el 2014 todavía existe gente que critica, que se ríe, que maltrata la condición sexual del otro. ¿Qué pasó con esta niña? Se dio cuenta que todo lo que veía a su alrededor era algo incompatible con ella. Descubrió ser heterosexual, dentro de una sociedad heterofóbica. Rápidamente sufre el maltrato de sus compañeros, la falta de respeto, la intolerancia, la indiferencia, el acoso; por parte de sus amigos, por parte de sus madres.

Este corto ayuda a entender, para los que todavía no lo hicieron, la identidad de género. Tan verdadero como nosotros, la sociedad continúa con el mismo recurso de siempre; mientras no nos “afecta”, no nos involucramos.

Mujeres de muchos hombres

Ricardo Coler viajó a Ladakn, un lugar en el Himalaya donde la poliandria es oficial. Quiso averiguar que pasa cuando las mujeres eligen tener varias relaciones simultáneas, o mejor dicho una relación oficial con varios hombres al mismo tiempo. ¿Qué es mejor, tres amantes protectores, o un esposo cariñoso?

“Será que ellas nos pueden contar algo de un presente no reconocido, de un futuro que nos sobrevuela” afirma Coler. ¿Será que poliandria es lo más avanzado a lo que los accidentales podemos aspirar?

En Ladakn viven así, con una legislación feminista, pero bajo normas de una sociedad machista. En su principio el quería convencerse si ser la mujer de varios hombres era tan deseable como ser la mujer de uno solo. Al final llega a la conclusión, de que no solo es así, sino que es mejor.

La poliandria es una idea que se llevó a cabo, consiguió adeptos y se transformó en costumbre. Todo comenzó cuando los hombres debían irse a trabajar a otras regiones durante el invierno, y no les parecía buena idea dejar a su mujer sola tanto tiempo. Por eso, quien mejor que un hermano para cuidarla. Varios hermanos y una sola mujer, se casan, conviven, tienen relaciones sexuales, procrean, se cuidan y viven en armonía. Si uno se enferma, está el otro para cuidar a los hijos, si este otro no consigue trabajo, está otro para aportar económicamente, y asi, la mujer siempre estará protegida, los hijos llamarán a todos “papá” y ninguno tendrá prioridad por sobre el otro, ella los querrá a todos por igual.

Lo interesante de todo esto, es también el rol de la mujer, y el pensamiento de ella frente a la situación en la que vive. Ella se demuestra inteligente, incluso más que el hombre. Una esposa que se siente superior a sus maridos y que los deja entretenerse con la cuestión de la fraternidad entre los hermanos. “Mientras cumplan con sus deberes que crean lo que quieran”.

Los hombres se casan por una cuestión de la fraternidad y  tradición. Les interesa más estar cerca de sus hermanos que tener una mujer para ellos solos. Ellas se casan siguiendo los consejos de los padres y también por decisión propia. Consideran que tener tres o cuatro hombres es más seguro que casarse con uno solo. Entonces, parece ser que las familias con varios hombres son más prosperas que sus vecinos monógamos.

Dentro de esas familias, los hombres las respetan, las quieren, las idealizan, se sienten atraídos por ellas, pero no las dejan hablar. Por eso aclaro al principio, la legislación es feminista, pero las normas son machistas.

Me pregunto cómo implementaríamos la poliandria en nuestra sociedad.  ¿Acaso podríamos desprendernos de las miradas ajenas, de los novios celosos, de los padres culposos, de las madres angustiadas, de la moda? ¿Elegiríamos tener varios hombres bajo un mismo techo, o seguiríamos optando por uno solo?

Las mujeres poliandricas de Ladakn no tienen ningún tipo de vínculo romántico con ninguno de sus cuatro maridos. Ellas nos prueban fehacientemente de que se puede vivir sin estár enamorada. No se despiertan angustiadas, ni se acuestan llorando. Tienen una familia, hijos, los crían, y viven en armonía y rodeadas de afecto. Ellas nos dejan en claro que el amor entre los sexos es una invención humana, que poco tiene que ver con el instinto o la biología.

Ellas nos afirman que el matrimonio podría funcionar perfectamente como una asociación estable si ninguno de los dos pretendiera de su pareja un amor erótico permanente. De hecho no habría tantos divorcios si tal fuera el caso, ya que la gente se divorcia por que al menos uno de los dos no se siente amado, o alguno de los dos quiere amar a otra persona. Por aquí escuche que el matrimonio pierde vigencia cuando uno de los dos deja de amar.  ¿Pero qué pasaría si proponemos otro tipo de sociedad?

Las mujeres poliandricas pueden estar con muchos hombres y no enamorarse de ninguno.  Como dice Coler en “Mujeres de muchos hombres”: “En occidente pretendemos con una sola persona amor, pareja, erotismo, familia, economía, amistad, fidelidad, compresión, y en lo posible continuidad indefinida.”

Solo me pregunto, si al fin y al cabo, ¿No seremos los occidentales muy pretenciosos? ¿Acaso podríamos elegir a un compañero de vida sin amarlo eternamente? O más arriesgado aún, ¿Podríamos elegir a más de uno con quienes compartir otras cosas que no sea el amor?.

 

*Gracias a Jorge Fernández Díaz por el libro.

Lo doméstico es personal

Efectivamente donde tenemos un poco más de poder es en nuestra propia casa, y si contratamos a alguien de nuestro mismo sexo para que nos ayude nos sentimos avergonzadas, es decir, nuestro poder nos avergüenza. El discurso dominante nos afecta; nos afecta lo que otras mujeres piensan, lo que otros hombres digan, e incluso, lo que las revistas escriban de nosotras mismas.

Este discurso sostiene que el feminismo decae a la hora de contratar a una mujer como ayudante de quehaceres domésticos, colocándola entonces en un rango inferior dentro de un hogar. ¿Puede ser esto cierto? ¿Acaso somos menos feministas por buscar colaboración? ¿Acaso soy más feminista si yo misma limpio el baño de mi casa o dejo el horno impecable? Claro que no! No creo que este sea el caso donde una mujer oprima a otra. La suciedad doméstica es culpa de la mujer y del hombre, el polvo en el aire, las arrugas en la ropa y las migas en el piso simplemente están y no me siento culpable de su existencia, tampoco los hombres lo sienten.

Entonces vuelvo al primer párrafo y corrijo, ¿Me siento avergonzada por no querer hacer lo que no me gusta? Por supuesto que no! Mi madre decía: “No me siento menos mujer por esto, y no me da vergüenza decirte que odio profundamente planchar, entonces pago por eso. También odio lavar los platos, por eso me compré un lavavajillas, y detesto el plumero porque nunca llega a donde yo quiero”.

Si tenés la convicción de que la mujer debe resultar igual de libre que el hombre eres feminista, si esa libertad se la delegas a otra mujer para que elija que clase de trabajo tomar entonces estas practicando tu feminismo al pie de la letra y eres una verdadera mujer punk. ¿Le pagas por su trabajo?, claro que si, y el dinero es independencia.

En el caso de una familia de este siglo, donde la mujer trabaja a la par del hombre, no tener ningún tipo de ayuda en la limpieza, cocina o cuidado de los niños implicaría una doble jornada laboral. Es por eso que la segunda jornada de trabajo, es decir, el trabajo doméstico es lógico  que sea remunerado, ya que se trata con esfuerzo y dedicación. Luego se discutirá si este tipo de trabajo debe revalorizarse social y económicamente.

Si un hombre contratara a otro para que le limpie su casa se consideraría como un simple acto laboral. Sin embargo, si una mujer lo hace, se considera como una traición al feminismo. Repito, la solidaridad femenina no existe. Si yo misma publicara un anuncio para buscar ayuda doméstica y se presentara un hombre para realizar este tipo de trabajo claro que lo contrataría, entonces no voy a rechazar la ayuda de una mujer si es que se presenta primero. Luego no tengo más opciones, convengamos que el ser humano es limitado y no hay más que hombres y mujeres en este mundo.

Lo cierto es que desde mi punto de vista feminista liberal, la ayuda doméstica es una ayuda necesaria para la mujer que quiere salir a competir laboralmente con el hombre dentro del ámbito público.

Luego se repiten una serie de preguntas imposibles de responder, como “¿Quién limpia la casa de la limpiadora?” y “¿Quién cuida a los niños de la cuidadora?”. Un principio de solución a todo este planteo es que: es necesario asumir que existe una gran parte del trabajo doméstico que cada quien podría hacer por sí mismo sin demandarle demasiado tiempo. Que exista un cuidado básico del ámbito en el que uno vive hace que este trabajo sea menos agotador y más recompensado. Entonces nadie necesitaría de nadie, simplemente se trabajaría menos en el ámbito público y la casa no quedaría del todo perfecta.