Piropo

Hoy quiero debatir sobre algo que a todas las mujeres nos pasa desde que nos desarrollamos y empezamos a caminar por la calle. El piropo: entre la obscenidad y la reivindicación de un género menor.

Cuando leí que el señor Mauricio Macri dijo que “A cualquier mujer le gusta que le digan: qué lindo culo tenés’” publiqué el siguiente tweet: “Si Macri me dice que tengo buen culo le pego una piña, si me lo dice el chico que me gusta no, claro”.

Aquí, quiero dejar bien en claro varias cuestiones: primero lo primero, las guarradas de desconocidos nunca caen bien. Segundo, no soy una histérica por distinguir piropo o halago, de la cochinada.

No me interesa generalizar el sentir de la minita promedio, pero partamos de la base que todas las mujeres somos víctimas diariamente de frases como: muñeca te cojo toda, nena con esa delantera ganamos el mundial, mamasa con ese culo vení a cagar a casa, que linda maceta para mi flor de poronga, si fuese una ola te llenaría de espuma las tetas, lindas piernas, ¿A qué hora abren?; y otros derivados.

El interrogante que todas las mujeres nos hacemos a la hora de escuchar esas palabras de algún hombre o varios (ejemplo de obra en construcción) es: “¿Para qué lo dicen?” “¿Qué es lo que buscan?” “¿Dónde termina el comentario admisible y dónde empieza lo desubicado?” “¿Quién decide qué provocar es lindo y qué provocar es feo?”.

Ahora propongo un claro ejemplo de piropo agradable, por el cual no me sentiría ofendida (y paso a relatar un suceso que me pasó hace dos días):

Caminaba por la calle, entro al edificio donde vivo, pasa un chico, me mira y me dice:

·  Buen día vecina.

·  Buen día

·  Y una sonrisa no me regalas?

·  ehh sí…

·  Ahora sí, te veo incluso más linda.

No respondí, me puse muy colorada y al pobre vecino le cerré la puerta en la cara. Quizás pertenezca al grupo femenino que está permanentemente con la guardia alta esperando alguna grosería y cuando nos dicen algo lindo no sabemos qué contestar.

Sin embargo, reconozco que el hecho que acabo de relatar según la jerga femenina se denomina piropo, clásico y sin rodeos. ¿Me ofendió? No. ¿Era de un desconocido? Sí. Pero no me pareció para nada fuera de lugar.

Quizás ese chico busca invitarme a salir y llegado el momento acepte. Sin embargo el hombre que me declara que me quiere meter la lengua hasta la garganta lo único que va a lograr es sacar lo peor de mí. El efecto del piropo es tan subjetivo que fallaría si intento condenar o juzgar a las mujeres que les gusta. Sin embargo, desnaturalizar la agresividad verbal es para mí, una convocatoria a la tranquilidad cotidiana.

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