El error de fingir el orgasmo

La apariencia es lo que primero que se ve, si no la cuidas será un problema.

La mayoría de las mujeres merecemos un premio como actrices protagónicas. Muchas nos hemos vuelto expertas a la hora de fingir orgasmos. Generalmente, lo hacemos con la intención de proteger a los hombres, para que ellos no tomen como un rechazo personal la falta del clímax.

Pero como nos estamos equivocando! Lejos de protegerlos estamos incentivando a que no aprendan y nosotras a conformarnos con un par de gritos y ya.

A la hora de tener una relación sexual existe un acuerdo tácito entre las dos partes donde se supone que ambos dos deben tener un orgasmo.

Les pregunte a varias mujeres sobre este tema, todas, absolutamente todas me reconocieron que alguna vez lo fingieron.

Evidentemente la percepción de una relación sexual es distinta en hombres y mujeres. Nuestro problema es intentar establecer una analogía. El placer del hombre se concentra en el orgasmo; el acto termina cuando el llega a su climax, sino queda vacío, inconcluso, indefinido. Sin embargo las mujeres no necesariamente tienen que llegar al orgasmo para pasarla bien. No lo ven como un fracaso.

Frente a esta cuestión existen distintas posturas, personalmente voy a poner sobre la mesa la que me resultó más interesante, y que es la siguiente: la mujer goza plenamente de una relación sexual cuando el hombre disfruta generándole placer a ella. Las mujeres notamos cuando al hombre le da lo mismo estar ahí o en otro lugar, cuando el laburito de generar placer no saben hacerlo, quizás por vergüenza, por falta de educación sexual, o porque simplemente no les importa.

Por otra parte, hace unos días escribí un tweet en relación a este tema pero desde el lado masculino: saber la diferencia entre coger bien y coger mal es coger o dejarse coger. y aquí es cuando intente expresar, creo yo, la parte que el hombre valora y le interesa: la actitud femenina en la cama.

La última opción posible es que las mujeres fingimos porque somos unas estúpidas y no somos capaces de hablar la situación real con nuestro partner. Esta opción tampoco la descarto, todavía nos da vergüenza confesar nuestras fantasías, admitir lo que nos gusta sexualmente y buscarlo para sentirnos más cómodas.

Seguramente la solución es la comunicación, ni más ni menos. Sino mujer, seguí así, gritando desaforadamente, a veces es mejor parecer que demostrar lo que realmente querés, dicen por ahí.

Un hombre se reivindica como tal cuando se siente pleno dándole placer a la mujer. Y me quedo con esta máxima que alguna vez debatí con un hombre que por suerte, no miraba su propio ombligo.

Hermosas mujeres, hagan la prueba de no fingir nada a la hora del sexo. Aunque no lo crean es interesante ver la reacción del hombre cuando les confirmamos que al final, luego de una excelente performance, no hemos llegado a ninguna parte.

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La cultura de la violación

Hace unos días leí un artículo llamado “La cultura de la violación”: Guía para el caballero.

Es realista, duro y auténtico a la hora de mostrar la actualidad de la que formamos parte. Nos explica cómo es que pertenecemos a la cultura de la violación, sin señalar con el dedo a todos los hombres que la habitan, por supuesto.

A partir de esta premisa traten de imaginar, siendo hombres, cómo sería caminar por las calles sintiendo miedo a que alguien pueda llegar a violarte. (Claro que los hombres no son los únicos responsables; sabemos que hay hombres que violan a otros hombres o mujeres que violan hombres, pero en este caso vamos a hablar del 99%, del común, del hombre atacando a una mujer).

La mujer debe calcular horarios, calles y compañías para sentirse, por algunos momentos, menos vulnerable. Entonces repito, te pregunto a vos, hombre: ¿Caminaste alguna vez teniendo la sensación de peligro, girando tu mirada por arriba de tu hombro con la impresión de que no estás solo, y quizás ni siquiera sepas para donde escapar?

Las mujeres vivimos viendo spots publicitarios sobre cómo prevenir una violación, cómo peinarnos, cómo vestirnos y qué tipo de gas pimienta debemos llevar en la cartera. Sin embargo, hasta el momento, no veo desde el lado masculino cómo hacer consciente esta situación que también afecta su reputación en general. ¿Qué tiene que hacer el hombre si ve una situación de violencia cerca suyo? ¿Cómo puede hacer el hombre para generar que la mujer no se sienta insegura caminando por la calle?

La mayoría de las mujeres no sabemos movernos libremente por las calles, ni por el mundo. La sensación de que no va a haber ningún tipo de problema es casi inexistente.

¿Es injusto que la mujer se sienta insegura al lado de cualquier desconocido? Claro que sí. ¿Esto puede cambiar desde el lado masculino? A vos hombre, ¿no te molesta que esa mujer se sienta insegura por culpa de algunos depravados?

Lamentablemente algunas personas siguen pensando que el violador camina libremente por la calle con algunas características específicas, sin tener en cuenta que, en realidad, en todas las guerras las mujeres son violadas por soldados padres de familia o jóvenes con títulos universitarios. Sin embargo algunos siguen pensando que existe el identikit del violador ocasional.

Tampoco es cierto  que la mayoría de los violadores hayan sido abusados de niños, los hay también quienes tuvieron una infancia aparentemente normal. Los hay seriales y ocasionales, hay quienes incluso no son conscientes de haber cometido una violación y hasta acusan a sus víctimas de haberlos provocado.

La gran mayoría de las víctimas conocían a su agresor, es decir que ni siquiera nos es fácil juzgar a personas que conocemos, ¿cómo esperas entonces que no crucemos la calle si no te conozco? La prevención de las violaciones tiene que empezar a centrarse en educar a los hombres, no en educar a la mujer, porque nosotras vamos a seguir actuando de la misma manera en cuanto nos sigamos sintiendo inseguras.

A vos hombre, si te preocupa la justicia, descarga tu rabia sobre los tipos que hacen que tanto vos como tu forma de actuar sea cuestionable. La cultura de la violación debe modificarse y desmantelar ciertas estructuras que las permiten, o las toleran, o las justifican.