#PROtegenos del PRO

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A partir de la iniciativa que tuvieron los talentosos jóvenes PRO sobre la vagina sellada con un cierre como método de prevención, asumí que ellos afirmaron las siguientes cuestiones,
 
Cualquier vagina debería estar completamente depilada.
Para no contagiarnos de SIDA no deberíamos garchar.
Las mujeres son las únicas que lo contagian.
 
Estas personas militan en un partido político, solo eso. 

El error de fingir el orgasmo

La apariencia es lo que primero que se ve, si no la cuidas será un problema.

La mayoría de las mujeres merecemos un premio como actrices protagónicas. Muchas nos hemos vuelto expertas a la hora de fingir orgasmos. Generalmente, lo hacemos con la intención de proteger a los hombres, para que ellos no tomen como un rechazo personal la falta del clímax.

Pero como nos estamos equivocando! Lejos de protegerlos estamos incentivando a que no aprendan y nosotras a conformarnos con un par de gritos y ya.

A la hora de tener una relación sexual existe un acuerdo tácito entre las dos partes donde se supone que ambos dos deben tener un orgasmo.

Les pregunte a varias mujeres sobre este tema, todas, absolutamente todas me reconocieron que alguna vez lo fingieron.

Evidentemente la percepción de una relación sexual es distinta en hombres y mujeres. Nuestro problema es intentar establecer una analogía. El placer del hombre se concentra en el orgasmo; el acto termina cuando el llega a su climax, sino queda vacío, inconcluso, indefinido. Sin embargo las mujeres no necesariamente tienen que llegar al orgasmo para pasarla bien. No lo ven como un fracaso.

Frente a esta cuestión existen distintas posturas, personalmente voy a poner sobre la mesa la que me resultó más interesante, y que es la siguiente: la mujer goza plenamente de una relación sexual cuando el hombre disfruta generándole placer a ella. Las mujeres notamos cuando al hombre le da lo mismo estar ahí o en otro lugar, cuando el laburito de generar placer no saben hacerlo, quizás por vergüenza, por falta de educación sexual, o porque simplemente no les importa.

Por otra parte, hace unos días escribí un tweet en relación a este tema pero desde el lado masculino: saber la diferencia entre coger bien y coger mal es coger o dejarse coger. y aquí es cuando intente expresar, creo yo, la parte que el hombre valora y le interesa: la actitud femenina en la cama.

La última opción posible es que las mujeres fingimos porque somos unas estúpidas y no somos capaces de hablar la situación real con nuestro partner. Esta opción tampoco la descarto, todavía nos da vergüenza confesar nuestras fantasías, admitir lo que nos gusta sexualmente y buscarlo para sentirnos más cómodas.

Seguramente la solución es la comunicación, ni más ni menos. Sino mujer, seguí así, gritando desaforadamente, a veces es mejor parecer que demostrar lo que realmente querés, dicen por ahí.

Un hombre se reivindica como tal cuando se siente pleno dándole placer a la mujer. Y me quedo con esta máxima que alguna vez debatí con un hombre que por suerte, no miraba su propio ombligo.

Hermosas mujeres, hagan la prueba de no fingir nada a la hora del sexo. Aunque no lo crean es interesante ver la reacción del hombre cuando les confirmamos que al final, luego de una excelente performance, no hemos llegado a ninguna parte.

La cultura de la violación

Hace unos días leí un artículo llamado “La cultura de la violación”: Guía para el caballero.

Es realista, duro y auténtico a la hora de mostrar la actualidad de la que formamos parte. Nos explica cómo es que pertenecemos a la cultura de la violación, sin señalar con el dedo a todos los hombres que la habitan, por supuesto.

A partir de esta premisa traten de imaginar, siendo hombres, cómo sería caminar por las calles sintiendo miedo a que alguien pueda llegar a violarte. (Claro que los hombres no son los únicos responsables; sabemos que hay hombres que violan a otros hombres o mujeres que violan hombres, pero en este caso vamos a hablar del 99%, del común, del hombre atacando a una mujer).

La mujer debe calcular horarios, calles y compañías para sentirse, por algunos momentos, menos vulnerable. Entonces repito, te pregunto a vos, hombre: ¿Caminaste alguna vez teniendo la sensación de peligro, girando tu mirada por arriba de tu hombro con la impresión de que no estás solo, y quizás ni siquiera sepas para donde escapar?

Las mujeres vivimos viendo spots publicitarios sobre cómo prevenir una violación, cómo peinarnos, cómo vestirnos y qué tipo de gas pimienta debemos llevar en la cartera. Sin embargo, hasta el momento, no veo desde el lado masculino cómo hacer consciente esta situación que también afecta su reputación en general. ¿Qué tiene que hacer el hombre si ve una situación de violencia cerca suyo? ¿Cómo puede hacer el hombre para generar que la mujer no se sienta insegura caminando por la calle?

La mayoría de las mujeres no sabemos movernos libremente por las calles, ni por el mundo. La sensación de que no va a haber ningún tipo de problema es casi inexistente.

¿Es injusto que la mujer se sienta insegura al lado de cualquier desconocido? Claro que sí. ¿Esto puede cambiar desde el lado masculino? A vos hombre, ¿no te molesta que esa mujer se sienta insegura por culpa de algunos depravados?

Lamentablemente algunas personas siguen pensando que el violador camina libremente por la calle con algunas características específicas, sin tener en cuenta que, en realidad, en todas las guerras las mujeres son violadas por soldados padres de familia o jóvenes con títulos universitarios. Sin embargo algunos siguen pensando que existe el identikit del violador ocasional.

Tampoco es cierto  que la mayoría de los violadores hayan sido abusados de niños, los hay también quienes tuvieron una infancia aparentemente normal. Los hay seriales y ocasionales, hay quienes incluso no son conscientes de haber cometido una violación y hasta acusan a sus víctimas de haberlos provocado.

La gran mayoría de las víctimas conocían a su agresor, es decir que ni siquiera nos es fácil juzgar a personas que conocemos, ¿cómo esperas entonces que no crucemos la calle si no te conozco? La prevención de las violaciones tiene que empezar a centrarse en educar a los hombres, no en educar a la mujer, porque nosotras vamos a seguir actuando de la misma manera en cuanto nos sigamos sintiendo inseguras.

A vos hombre, si te preocupa la justicia, descarga tu rabia sobre los tipos que hacen que tanto vos como tu forma de actuar sea cuestionable. La cultura de la violación debe modificarse y desmantelar ciertas estructuras que las permiten, o las toleran, o las justifican.

Si la pelota se mancha…

Esta columna no pretende hacer ningún tipo de análisis detallado de lo bien o mal que está jugando la selección en este mundial, simplemente no tengo ni idea de fútbol, y no por ser mujer, simplemente no me interesa demasiado ningún deporte. Aunque, me hago cargo de mi condición de minita a la que solo le interesa el fútbol en época mundialista y hace comentarios en el medio del partido haciendo alusión a lo lindo que es Romero a la hora de atajar.

Lo que si me resulta interesante es escuchar a los hombres cuando nos catalogan de sensibles y victimas de liberar nuestras emociones constantemente, cuando ellos, a la hora de ver a 22 tipos detrás de una pelota no se quedan atrás. En este caso solo voy a decir que me cuesta entender este tipo de fascinación, simplemente observo a los hombres en mute, veo que su señal se desconecta por 90 minutos de tiempo y listo.

Tampoco logro comprender la actitud que algunos toman en relación a este campeonato, como por ejemplo, renunciar a su trabajo, programar operaciones para que el reposo coincida con los primeros partidos o tomarse esas preciadas vacaciones anuales para quedarse en su casa mirando televisión. ¿Será que la mayoría de los hombres descargan su libido mirando fútbol? Quizás el fútbol es preciado para el hombre promedio porque es lo único que les queda de la infancia. Quizás reafirman su condición de hombre viendo un partido y gritando frente a una pantalla.

Todo esto lo analizo sin centrarme en algunos rituales que tienen ciertos hinchas fanáticos donde convierten un simple juego en un gran espectáculo, sin tener en cuenta que en realidad también es un gran negocio. Convengamos que la sobrevaloración de una actividad masculina hace que esté socialmente aceptada y fagocitada como protagonista. No pasa lo mismo que algún deporte de mujeres hasta el momento. Aunque si pasó que el fútbol femenino es cada vez más practicado en nuestro país, y eso me parece muy bien. Ahora solo falta que la mujer se anime a opinar sobre un córner en un bar y listo, conquistamos el mundo!.

No se puede generalizar, pero Galeano sostuvo que mientras los intelectuales conservadores piensan que la idolatría a la pelota es la superstición que la plebe merece, yo veo al fútbol como un montón de “adultos” en pantalones cortos corriendo detrás de una pelota y nada más que eso. No especulo con técnicas, ni talentos, ni tácticas. De hecho, pienso que hay gente muy talentosa en otras disciplinas que deben ganar un 1% de dinero de lo que cobran estos muchachos.

Galeano dice: “El gol es el orgasmo del fútbol. Como el orgasmo, el gol es cada vez menos frecuente en la vida moderna”. La pelota va y viene y el obsesivo se ahorra la tortura del pensar. En este caso no tengo idea de la frecuencia de goles que hay en este mundial, pero de lo que si estoy segura es que hay menos orgasmos en la sociedad moderna, ¿Debido al fútbol? No creo, no soy extremista.

Teoría King Kong

King Kong es el nombre de un gorila ficticio, una bestia que arrasa con todo lo que tiene adelante. Inteligente. Capaz de adaptarse a la pelea con su oponente. Virgine Despentes es tal cual. Una feminista moderna sin pelos en la lengua, que desmitifica el supuesto de la mujer perfecta. “King Kong está más allá de la hembra, más allá del macho. Es un híbrido. En la ciudad King Kong aplasta todo al pasar.”

Este libro se trata de un texto polémico que unos consideran el manifiesto de un nuevo feminismo, pero va más allá del feminismo falopa. Esto se trata de un ajuste de cuentas personal, una guerra civil entre hombres y mujeres. “Escribo desde la fealdad, y para las feas, las viejas, las camioneras, las frígidas, las insatisfechas, las que nadie desea, las histéricas, las taradas, todas las excluidas del gran mercado de la buena mujer”, escribe Despentes.

Ella vivió todo lo peor y lo mejor que una mujer puede vivir. La violaron y lo reflexionó años después, cuando se dio cuenta que la mujer no sabe cómo expresar un maltrato semejante. Nos enseña a manifestarnos públicamente inocentes y no culpables por haber sobrevivido a semejante abuso. “Desde el momento en el que la mujer empieza a nombrar lo que le pasó de otra manera, desde el momento en el cual decide denunciarlo, para meterse de nuevo en la jungla, en la comisaria llena de hombres, en la yuta; desde ese momento nos estamos equivocando como mujeres”.

Después la prostitución, considerada como la posesión física y moral de la persona. Lo creyó como el trabajo más transparente que tuvo. “Todo intercambio físico deja una huella emocional, sí, pero no siempre negativa. No digo que todas las mujeres puedan hacerlo. Digo que, para algunas, es un trabajo como cualquier otro, incluso más interesante que otro. No vivimos en un mundo donde todo el mundo esté feliz con pagar su hipoteca”.

Bajo todos los parámetros preestablecidos, la pregunta es la siguiente, ¿Vale la pena llevar una vestimenta incomoda, calzados que traban el caminar, hacerse romper la nariz o hinchar los pechos y matarse de hambre? Nunca ninguna sociedad exigió tantas sumisiones en las imposiciones estéticas, tantas modificaciones corporales para feminizar un cuerpo. A medida que pasa el tiempo la “industria femenina” crece, el mercado consume y las mujeres cada vez más pequeñas exigen belleza, exigen ser aceptadas. Despentes hace tiempo se alejó de todo ese revuelo y eligió su propio camino. Ser hombre siendo mujer. Exigió más de lo que le prometieron. Gritó sin que la callen y censuró a quienes intentaron explicarle lo que tenía que hacer.

Este libro no es para nada profundo, ni difícil de entender. Es grotesco, es guarro; pero también es altamente recomendable, porque Despentes nace siendo mujer y no se las arregla como le enseñaron, se las arregla como piensa su propia cabeza, a través del impulso, de la aventura y de lo que le sale ser.

Piropo

Hoy quiero debatir sobre algo que a todas las mujeres nos pasa desde que nos desarrollamos y empezamos a caminar por la calle. El piropo: entre la obscenidad y la reivindicación de un género menor.

Cuando leí que el señor Mauricio Macri dijo que “A cualquier mujer le gusta que le digan: qué lindo culo tenés’” publiqué el siguiente tweet: “Si Macri me dice que tengo buen culo le pego una piña, si me lo dice el chico que me gusta no, claro”.

Aquí, quiero dejar bien en claro varias cuestiones: primero lo primero, las guarradas de desconocidos nunca caen bien. Segundo, no soy una histérica por distinguir piropo o halago, de la cochinada.

No me interesa generalizar el sentir de la minita promedio, pero partamos de la base que todas las mujeres somos víctimas diariamente de frases como: muñeca te cojo toda, nena con esa delantera ganamos el mundial, mamasa con ese culo vení a cagar a casa, que linda maceta para mi flor de poronga, si fuese una ola te llenaría de espuma las tetas, lindas piernas, ¿A qué hora abren?; y otros derivados.

El interrogante que todas las mujeres nos hacemos a la hora de escuchar esas palabras de algún hombre o varios (ejemplo de obra en construcción) es: “¿Para qué lo dicen?” “¿Qué es lo que buscan?” “¿Dónde termina el comentario admisible y dónde empieza lo desubicado?” “¿Quién decide qué provocar es lindo y qué provocar es feo?”.

Ahora propongo un claro ejemplo de piropo agradable, por el cual no me sentiría ofendida (y paso a relatar un suceso que me pasó hace dos días):

Caminaba por la calle, entro al edificio donde vivo, pasa un chico, me mira y me dice:

·  Buen día vecina.

·  Buen día

·  Y una sonrisa no me regalas?

·  ehh sí…

·  Ahora sí, te veo incluso más linda.

No respondí, me puse muy colorada y al pobre vecino le cerré la puerta en la cara. Quizás pertenezca al grupo femenino que está permanentemente con la guardia alta esperando alguna grosería y cuando nos dicen algo lindo no sabemos qué contestar.

Sin embargo, reconozco que el hecho que acabo de relatar según la jerga femenina se denomina piropo, clásico y sin rodeos. ¿Me ofendió? No. ¿Era de un desconocido? Sí. Pero no me pareció para nada fuera de lugar.

Quizás ese chico busca invitarme a salir y llegado el momento acepte. Sin embargo el hombre que me declara que me quiere meter la lengua hasta la garganta lo único que va a lograr es sacar lo peor de mí. El efecto del piropo es tan subjetivo que fallaría si intento condenar o juzgar a las mujeres que les gusta. Sin embargo, desnaturalizar la agresividad verbal es para mí, una convocatoria a la tranquilidad cotidiana.

Heterofóbia, tu mundo al revés.

El corto se llama All you need is love? Dirigido por Kim Rocco Shields. Todas las circunstancias que aparecen  son situaciones narradas por víctimas de bulling escolar.

Imaginen un mundo donde reina la homosexualidad.  Las parejas son padres o madres. La homosexualidad es socialmente impuesta por la religión, los medios, la cultura en general. Las parejas del mismo sexo son bien vistas. Los deseos, los miedos, los prejuicios homofóbicos no existen. Imaginen dentro de esta sociedad que pasaría con las personas que no son homosexuales, sino que son heterosexuales. Una sociedad que no acepta el amor entre personas de distinto sexo.  Un mundo donde existe la heterofóbia.

Me resultaba raro ver cosas al revés, sin embargo todo se me hacía familiar. Todo es más fácil de lo que parece, es que en realidad es igual, todo esto pasa, dado vuelta.

La mayoría de los gays que conozco temen reconocerse entre su familia y amigos, temen ser juzgados. Hoy en el 2014 todavía existe gente que critica, que se ríe, que maltrata la condición sexual del otro. ¿Qué pasó con esta niña? Se dio cuenta que todo lo que veía a su alrededor era algo incompatible con ella. Descubrió ser heterosexual, dentro de una sociedad heterofóbica. Rápidamente sufre el maltrato de sus compañeros, la falta de respeto, la intolerancia, la indiferencia, el acoso; por parte de sus amigos, por parte de sus madres.

Este corto ayuda a entender, para los que todavía no lo hicieron, la identidad de género. Tan verdadero como nosotros, la sociedad continúa con el mismo recurso de siempre; mientras no nos “afecta”, no nos involucramos.

Mujeres de muchos hombres

Ricardo Coler viajó a Ladakn, un lugar en el Himalaya donde la poliandria es oficial. Quiso averiguar que pasa cuando las mujeres eligen tener varias relaciones simultáneas, o mejor dicho una relación oficial con varios hombres al mismo tiempo. ¿Qué es mejor, tres amantes protectores, o un esposo cariñoso?

“Será que ellas nos pueden contar algo de un presente no reconocido, de un futuro que nos sobrevuela” afirma Coler. ¿Será que poliandria es lo más avanzado a lo que los accidentales podemos aspirar?

En Ladakn viven así, con una legislación feminista, pero bajo normas de una sociedad machista. En su principio el quería convencerse si ser la mujer de varios hombres era tan deseable como ser la mujer de uno solo. Al final llega a la conclusión, de que no solo es así, sino que es mejor.

La poliandria es una idea que se llevó a cabo, consiguió adeptos y se transformó en costumbre. Todo comenzó cuando los hombres debían irse a trabajar a otras regiones durante el invierno, y no les parecía buena idea dejar a su mujer sola tanto tiempo. Por eso, quien mejor que un hermano para cuidarla. Varios hermanos y una sola mujer, se casan, conviven, tienen relaciones sexuales, procrean, se cuidan y viven en armonía. Si uno se enferma, está el otro para cuidar a los hijos, si este otro no consigue trabajo, está otro para aportar económicamente, y asi, la mujer siempre estará protegida, los hijos llamarán a todos “papá” y ninguno tendrá prioridad por sobre el otro, ella los querrá a todos por igual.

Lo interesante de todo esto, es también el rol de la mujer, y el pensamiento de ella frente a la situación en la que vive. Ella se demuestra inteligente, incluso más que el hombre. Una esposa que se siente superior a sus maridos y que los deja entretenerse con la cuestión de la fraternidad entre los hermanos. “Mientras cumplan con sus deberes que crean lo que quieran”.

Los hombres se casan por una cuestión de la fraternidad y  tradición. Les interesa más estar cerca de sus hermanos que tener una mujer para ellos solos. Ellas se casan siguiendo los consejos de los padres y también por decisión propia. Consideran que tener tres o cuatro hombres es más seguro que casarse con uno solo. Entonces, parece ser que las familias con varios hombres son más prosperas que sus vecinos monógamos.

Dentro de esas familias, los hombres las respetan, las quieren, las idealizan, se sienten atraídos por ellas, pero no las dejan hablar. Por eso aclaro al principio, la legislación es feminista, pero las normas son machistas.

Me pregunto cómo implementaríamos la poliandria en nuestra sociedad.  ¿Acaso podríamos desprendernos de las miradas ajenas, de los novios celosos, de los padres culposos, de las madres angustiadas, de la moda? ¿Elegiríamos tener varios hombres bajo un mismo techo, o seguiríamos optando por uno solo?

Las mujeres poliandricas de Ladakn no tienen ningún tipo de vínculo romántico con ninguno de sus cuatro maridos. Ellas nos prueban fehacientemente de que se puede vivir sin estár enamorada. No se despiertan angustiadas, ni se acuestan llorando. Tienen una familia, hijos, los crían, y viven en armonía y rodeadas de afecto. Ellas nos dejan en claro que el amor entre los sexos es una invención humana, que poco tiene que ver con el instinto o la biología.

Ellas nos afirman que el matrimonio podría funcionar perfectamente como una asociación estable si ninguno de los dos pretendiera de su pareja un amor erótico permanente. De hecho no habría tantos divorcios si tal fuera el caso, ya que la gente se divorcia por que al menos uno de los dos no se siente amado, o alguno de los dos quiere amar a otra persona. Por aquí escuche que el matrimonio pierde vigencia cuando uno de los dos deja de amar.  ¿Pero qué pasaría si proponemos otro tipo de sociedad?

Las mujeres poliandricas pueden estar con muchos hombres y no enamorarse de ninguno.  Como dice Coler en “Mujeres de muchos hombres”: “En occidente pretendemos con una sola persona amor, pareja, erotismo, familia, economía, amistad, fidelidad, compresión, y en lo posible continuidad indefinida.”

Solo me pregunto, si al fin y al cabo, ¿No seremos los occidentales muy pretenciosos? ¿Acaso podríamos elegir a un compañero de vida sin amarlo eternamente? O más arriesgado aún, ¿Podríamos elegir a más de uno con quienes compartir otras cosas que no sea el amor?.

 

*Gracias a Jorge Fernández Díaz por el libro.

Lo doméstico es personal

Efectivamente donde tenemos un poco más de poder es en nuestra propia casa, y si contratamos a alguien de nuestro mismo sexo para que nos ayude nos sentimos avergonzadas, es decir, nuestro poder nos avergüenza. El discurso dominante nos afecta; nos afecta lo que otras mujeres piensan, lo que otros hombres digan, e incluso, lo que las revistas escriban de nosotras mismas.

Este discurso sostiene que el feminismo decae a la hora de contratar a una mujer como ayudante de quehaceres domésticos, colocándola entonces en un rango inferior dentro de un hogar. ¿Puede ser esto cierto? ¿Acaso somos menos feministas por buscar colaboración? ¿Acaso soy más feminista si yo misma limpio el baño de mi casa o dejo el horno impecable? Claro que no! No creo que este sea el caso donde una mujer oprima a otra. La suciedad doméstica es culpa de la mujer y del hombre, el polvo en el aire, las arrugas en la ropa y las migas en el piso simplemente están y no me siento culpable de su existencia, tampoco los hombres lo sienten.

Entonces vuelvo al primer párrafo y corrijo, ¿Me siento avergonzada por no querer hacer lo que no me gusta? Por supuesto que no! Mi madre decía: “No me siento menos mujer por esto, y no me da vergüenza decirte que odio profundamente planchar, entonces pago por eso. También odio lavar los platos, por eso me compré un lavavajillas, y detesto el plumero porque nunca llega a donde yo quiero”.

Si tenés la convicción de que la mujer debe resultar igual de libre que el hombre eres feminista, si esa libertad se la delegas a otra mujer para que elija que clase de trabajo tomar entonces estas practicando tu feminismo al pie de la letra y eres una verdadera mujer punk. ¿Le pagas por su trabajo?, claro que si, y el dinero es independencia.

En el caso de una familia de este siglo, donde la mujer trabaja a la par del hombre, no tener ningún tipo de ayuda en la limpieza, cocina o cuidado de los niños implicaría una doble jornada laboral. Es por eso que la segunda jornada de trabajo, es decir, el trabajo doméstico es lógico  que sea remunerado, ya que se trata con esfuerzo y dedicación. Luego se discutirá si este tipo de trabajo debe revalorizarse social y económicamente.

Si un hombre contratara a otro para que le limpie su casa se consideraría como un simple acto laboral. Sin embargo, si una mujer lo hace, se considera como una traición al feminismo. Repito, la solidaridad femenina no existe. Si yo misma publicara un anuncio para buscar ayuda doméstica y se presentara un hombre para realizar este tipo de trabajo claro que lo contrataría, entonces no voy a rechazar la ayuda de una mujer si es que se presenta primero. Luego no tengo más opciones, convengamos que el ser humano es limitado y no hay más que hombres y mujeres en este mundo.

Lo cierto es que desde mi punto de vista feminista liberal, la ayuda doméstica es una ayuda necesaria para la mujer que quiere salir a competir laboralmente con el hombre dentro del ámbito público.

Luego se repiten una serie de preguntas imposibles de responder, como “¿Quién limpia la casa de la limpiadora?” y “¿Quién cuida a los niños de la cuidadora?”. Un principio de solución a todo este planteo es que: es necesario asumir que existe una gran parte del trabajo doméstico que cada quien podría hacer por sí mismo sin demandarle demasiado tiempo. Que exista un cuidado básico del ámbito en el que uno vive hace que este trabajo sea menos agotador y más recompensado. Entonces nadie necesitaría de nadie, simplemente se trabajaría menos en el ámbito público y la casa no quedaría del todo perfecta.

Bandera roja

No tenía idea de lo que me había pasado. Tenía 12 años, estaba en un campamento con mis compañeros del colegio. Me dolía la panza, sentía algo raro, fui al baño y ví sangre. Mi cara se transformó. Me encerré y me quedé esperando que no sea nada grave. Una profesora vino por mí, y con mucha vergüenza le comenté mi situación. SOS SEÑORITA!!! Me dijo. Y salió a gritarlo por los pasillos cual loca liberada luego de un secuestro. Todas las chicas habían ido preparadas “por las dudas”. Yo, sin embargo, no sabía que ese “por las dudas” podía existir.

¿Te duele? Me preguntaron. Creo no, pero me siento incomoda con esto puesto, siento que se me nota. ¿Pero cómo es? Me cuestionaban. No se..no es sangre roja, como cuando te lastimas, sino distinta, como oxidada.

Cuando volví a mi casa le conté a mi mamá: creo que soy señorita.. ¿Cómo creo? Me responde. No se… se dice así? Es horrible. Mi mamá se ríe: se dice como quieras, y te felicito, igual sos chica para eso no? Creo que nunca te había comentado que esto te iba a pasar todos los meses. ¡TODOS LOS MESES PASA ESTO???? Y no, no me habías comentado.

Así es, todos los meses las mujeres pasamos por este periodo. Y siempre es horrible. No traumático, pero si incómodo.

Cuando el sangrado nos toma por sorpresa pensamos en lo poco precavidas que somos. Pero la realidad es que nuestra mente se encuentra en varios lugares al mismo tiempo, y no podemos prevenirlo. Sin embargo nos enojamos mientras limpiamos  con un jabón y un cepillo lo que hemos manchado. ¡Durante ese tiempo podría hacer otra cosa! Pienso. Pero no, acá estoy yo limpiando mi ropa interior. Seguro que a Marilyn Monroe no lo pasaba esto, era más atenta.

La mayor parte de los hombres no tienen conciencia de que se trata de un ciclo que va más allá del sangrado en si. Existe también un periodo premenstrual, donde muchas mujeres se hinchan, están más sensibles, más gritonas, más lloronas y con menos paciencia de lo habitual. Durante ese periodo nos comemos todo el chocolate que está a nuestro alcance y justificamos todas nuestras miserias con un “me está por venir, no me hables”. Nos salen granos en la cara, nos sentimos molestas y con ganas de llorar frente a una comedia romántica con poco sentido. Luego, el periodo de sangrado se soporta con mayor fluidez. ¿Acaso es machista justificar mis actos con un “me esta por venir”? claro que no, porque el síndrome premenstrual existe realmente, y es más intenso de lo que muchas mujeres y hombres piensan, así es, intenso.

Consiste en un conjunto de síntomas físicos y psicológicos que afectan a muchas mujeres aproximadamente de cuatro a seis días antes de la menstruación. Algún estudio de alguna universidad extranjera de nombre extraño comprobó que tres de cada cuatro mujeres lo sufrimos y que se intensifica desde los 20 a los 40 años.

Lo cierto es que la menstruación es el segundo paso luego de este síndrome y es inevitable. A veces nos alivia de un susto y otras la odiamos por aparecer en la circunstancia inoportuna luego de una cita programada.

La realidad es que la mayoría de las mujeres lo sienten como una condena.

¿Acaso la menstruación es un castigo porque no estoy embarazada? ¿Porque soy mujer y no traigo hijos al mundo?. Suena trágico, pero de alguna manera muchas mujeres se sienten así todos los meses, con culpa y desprotegidas. “Tu cuerpo te pasa factura por lo que deberías estar haciendo”, y la naturaleza se vengó de la peor manera. Luego la sociedad hace que te sientas así, poco natural.